Gira cruel sobre su eje, la bandera se hincha aliento fresco alondra.
Diáfano viento nos agita la sangre.
El fondo del vaso en que te untás aparece blindado como tu escafandra que no te respira, /coral avaro/ misionás por tus ecos de la nada.
Silencio.
La espera se ahueca, un colchón vencido.
Seguís ahí donde te vi hace tiempo donde te dejó la bruma de la mañana sin destapadores ni latas de conserva, si miro desde mi espalda te veo soberbio, delirante, te escondés de la música y del campo.
Te espera una siesta que no se deja dormir, me espera la sucesión de días que no tarda en llegar, pero no la quiero, no sin mi bolsa entibiando los dedos.
Las plumas parieron pájaros que arden de una fiebre del color de tus uvas añejas.
Comienza y termina punto exacto principio y fin, me quedo para cerrar y abrir, espiral trompo mandala...
Te miro, con los ojos que no se tocan, /los ojos sin rimel/
Comienzo a otoñarme.
El arco de mi violín erecto aun desafina.
Raro insecto de mi microscopio vos, otro miserable lector de diarios.
Corren las palabras por tu renglón filoso y se cortan, como todo lo que recorre un filo, como mi palta sin su semilla /gigante/
Te veo fálico prepotente borrando borrando, sin saber que tu meridiano huye.
Oh hazme una máscara. Oh hazme una máscara y un muro que me oculte de tus espías de esos agudos ojos esmaltados y de las garras ostentosas de la rebeldía y la violación en los viveros de mi rostro, una mordaza de árbol, en silencio golpeado para cubrirme de los desnudos enemigos hazme una lengua de bayoneta en esta oración indefensa, vuelve mi boca flagrante y que sea una trompeta de mentiras soplada dulcemente, dame las facciones de un tonto moldeado en vieja armadura y roblepara escudar el cerebro brillante y confundir a los indagadores, y un dolor viudo manchado de lágrimas caído de las pestañas para velar la belladona y hacer que adviertan los ojos secos que otros traicionan las quejumbrosas mentiras de sus pérdidas con los pliegues de la boca desnuda y la risa solapada. -Dylan Thomas-
La urgencia de tomar el tiempo por los cabellos de fusilarlo en el rincón hundir el dedo en el agua y dibujar en el vapor del día tu figura evocada sencilla niño
hombre.
Pensar en derretir la terca frontera violando el mar helado, /sin temor a que nos roben/ el deseo impreso /seda del cuerpo/ la tinta roja los labios.
Doce velas exiliadas incineran esta boca doce velas trae el viento dos plegarias un rezo.
Será que sobre el arco de mi espalda todo objeto se convierte en flecha?
martes, diciembre 05, 2006
Detrás de tus ojos y su funda ¿dos pozos ciegos tazones de arroz con leche palomas deshilachadas eclipses en naranjas pigmeos escoceses?
Qué hay mago sibarita en tus puños apretados ¿mis gemidos en sol mayor los dados y sus números romanos tus espuelas de jinete una piel de repuesto por si abusan del tacto?
A los 27 años sobrevivo sin saber nada de iones, hidrocarburos, sustancias solubles en agua, catexias, drenajes linfáticos, mezclas de cementos, transportadores, tinturas de cabello, germinaciones de porotos, power point, uñas encarnadas, estrategias, límites, cables, la vida de los castores, tuercas, ecuaciones, canto gregoriano,huevos pasados por agua, asteroides...
Voy a buscar nuestra noche de velas ardidas, de viento voy a buscar aquel faro de gigantes que nos sostuvo las espaldas la intemperie de estrellas desnudas plenas y abiertas para nosotros que nos teñimos las palmas de arena que nos cantamos todo mar al oído.
Me cansé de atravesar la misma puerta y ver la horizontalidad de las cosas de no saber el origen del viento ni qué lleva a empujones si es a mí o a una hoja muerta.
Me ato los cordones con la agilidad de siempre aunque podría vivir descalza me aburro de mis ganas o no ganas y del silencio entre track y track.
Puedo prestar mil veces más mi cuerpo y generar locura puedo pedir un cortado y dejar que el mozo me vea llorar.
Me pierdo no sé si quedarme quieta esperar o buscar tal vez nadar y decidir ahogarme cuando mi dedo toque el borde y no salvarme /amo la tragedia/
Damas y caballeros anuncio que todo en mí carece de sentido.
Solucioname el problemita de la canilla La gota no me deja dormir El sonido se metió en mi cabeza Y pienso que la gotera es interna Tengo el hemisferio izquierdo hecho un enchastre La rejilla se me tapo Y no me alcanzan los trapos de piso para secar
Qué pasa? qué pasa? qué pasa? qué pasa?
Solucioname el temita de la canilla la gota me inundó el dos ambientes el gato se me volvió surfer y se platinó con parafina Y me agota estar agazapada en lo alto de la alacena.
Qué pasa? qué pasa? qué pasa? qué pasa? Me agota la gota me agota la gota me agota la gota
El surco de tu cuerpo en mi cara me niega la risa un durazno espejado, entregado el asombro te desbordó los ojos cuando la mañana bañó la escalera y los humos perfumaron nuestro ilícito cemento.
Un desorden vasto, oceánico, nacido en el mes de las yerberas inunda el túnel, el paso común.
A saltos de animal silencioso avanza agua y más agua el ensamble lluvia y llanto nubes de agua, corazones pluviales agua por fuera y por dentro repentina, impetuosa.
El silbido de un tren me canta en el cuerpo mientras busco un alfabeto con menos historia tu callado, callado nombre se une en torno a mí como paredes.
Nota: el sábado al mediodía el viaducto Carranza estaba inundado. Con las zapatillas en la mano caminé la metamorfosis Cabildo-Santa Fé.
El piso sostiene un cuerpo desnudo habla de ausencia, de bocas heladas, de adoquines sueltos. Visto desde el techo sugiere muerte. Visto desde el subsuelo parece levitar.
Mirame desde las cúpulas rojas de tu cuerpo Solo, solo, ahora que los boletines están firmados que la máxima es de 21 grados que se expresa en lágrimas la lluvia en los vidrios de mi sexo. Sosteneme desde el cuello para limpiarme el cuerpo de huellas digitales de los nn Ahora que me llegaron los 27 los años de algo que se nombra y no existe el tiempo que me chorrea desde la cabeza Y tus hombros ahí, dispuestos a absorber la sangre que me sobra. Para recortarme del excedente que soy es que te llamo.
Después de 1095 días, corrió sangre por mis paredes internas. Me lo entregaron muerto así lo pedí: “lo quiero muerto”. Aún tibio, clave mi tridente atravesé todo su cuerpo lo desgarré hasta lograr un cuadrado perfecto 2 cm por 2 cm. Sellé su piel con gotas ácidas y fue ahí cuando su aroma me impregno la cara. Intenté besarlo lo rocé con mis labios húmedos lo encontré suave, y solo pude morderlo hasta el fin. Levante la vista ¿cómo se llama? el hombre de negro respondió “salmón”. Amigos: volví a comer ojos, volví a la carne.
Regresar de lo inalcanzado. Las manos llenas de hueco las brazas pegadas al cuero al pellejo del cuerpo mustio. Resabios de un malestar que pudo ser letal Todo el cielo en celo abierto de nubes sudadas erguidas contra mis dedos. Tan cerca nuestros ojos sus luces unificadas. Bastaba un horizonte para medirnos bastaba un puñado de gaviotas para teñirnos los cuerpos.
Dormido detrás del personaje, supliendo un vacío aullando la herida la furia hambrienta y el dolor del piano ahogado te dobla los dedos. Las manos que ignoran las curvas del cuerpo saliva cruda, largos metros de piel carne no recorrida no tacto no La lluvia cae y se me parece arrojada sin nombre me fue negado navegar por tus aguas agua mil gotas, mil suicidios aislados sin charco. Los rojos noche, un molino y tu cortesana la sangre incinerada en la palabra plexo y en cada letra de solar, sus rayos, el solsticio empujar al sol y darnos lugar.